LA COMPETENCIA METAFÓRICA. Una gran idea para llevar al aula.

8 noviembre 2021

       Me resulta muy complicado explicar ciertas cosas a mi alumnado. Me sucede muchas veces en clase. Algunas son cotidianas relacionadas con nuestro día a día. Otras están repletas de contenido cultural o político. Y sin duda, las cosas relacionadas con la economía son las que más me cuesta llevar al aula.

Pero mi intención siempre ha sido dar un paso más y procurar que mi alumnado sea capaz de comprender y expresar conceptos y realidades abstractas, de las que están cada vez más rodeados. ¿Y por qué me empeño? Porque el mundo que les espera es así, complejo. Capas y capas de procesos, esquemas de pensamiento, estructuras y sistemas, relaciones e interacciones, …

En plena era de la Globalización, el mundo que les rodea les resulta muy difícil de comprender, perdidos en la sobreinformación y la inmediatez, el consumo de internet y sus referentes en las redes sociales. ¿Dónde queda la crisis alimentaria que se está produciendo en el África subsahariana? ¿Qué entienden por desabastecimiento? ¿Y cuáles son sus motivos? ¿De dónde proceden los alimentos que consumen y por qué los consumen? ¿Qué impacto tiene su consumo? ¿Por qué se moviliza la gente?

Todos estos asuntos son difíciles de trabajar en un aula, pero si no se educa con el objetivo de desarrollar procesos cognitivos que les ayuden a comprender y expresar conceptos abstractos (sirviéndose de conceptos más concretos y conocidos), tampoco serán capaces de actuar para cambiar y transformar ese mundo tan difícil que les rodea. No verán el modo de hacer algo para cambiar las cosas. Y entonces, desistirán.

Para favorecer dichos procesos cognitivos en el aula trabajo, entre otras cosas, la competencia metafórica. Realmente, es una competencia que se ha desarrollado en gran medida para favorecer el aprendizaje de una segunda lengua, pero resulta una herramienta muy interesante sí queremos aprovechar su función representativa de la realidad.

Nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica (Lakoff/Johnson, Metáforas de la vida cotidiana, 1996:39). La metáfora es una figura retórica de pensamiento utilizada para expresar una realidad por medio de un concepto diferente con el que guarda cierta semejanza. Pero el concepto de metáfora retiene una dimensión aparte del recurso estilístico y se define como el nexo de unión entre percepción, pensamiento, lenguaje y actuación.

Türker (2016) afirma que el lenguaje metafórico se basa en la estructura de nuestras representaciones mentales de los conceptos complejos. Por lo tanto, las metáforas se utilizan para expresar conceptos abstractos que son difíciles de describir o de verbalizar.

Cuando hablamos de competencia metafórica nos referimos al desarrollo de habilidades y capacidades para comprender y producir metáforas que ayuden a explicar conceptos y procesos abstractos de nuestra realidad.

La competencia metafórica se puede empezar a trabajar en el aula a partir de un recurso muy sencillo: la lectura. Pero no una cualquiera: una lectura que esté cargada de metáforas y simbolismos o que sea en sí misma una gran metáfora. La lectura nos puede ayudar a identificar las metáforas subyacentes en el texto y a comprender qué expresan cada una de ellas, llevándolas a un lenguaje cercano y cotidiano, adaptado al nivel madurativo. Es decir, la lectura nos ayudará en la identificación y comprensión de las metáforas.

El paso posterior es la elaboración de metáforas. Para ello podemos partir de algo muy sencillo y cercano. Algo relacionado con el aula. Una buena manera de iniciar el proceso es a través de metáforas visuales, proponiendo que piensen qué quieren representar y con qué imagen lo van a representar. A partir de ahí podemos dar el paso a que escriban sus propias metáforas, o bien partiendo de una idea común consensuada en el aula, o partiendo de sus intereses particulares. Es fundamental que el alumnado verbalice posteriormente sus metáforas. Explicar, procesando la información, las representaciones que han realizado complementará el desarrollo de esquemas de pensamiento abstractos y les ayudará en la comprensión posterior de muchos conceptos y realidades.

La competencia metafórica se debe trabajar de manera gradual, poco a poco, adaptando la dificultad a cada nivel madurativo. De nada nos sirve llevar al aula ejemplos muy complejos si tan solo va a provocar frustración. Debemos ir incorporando conceptos sencillos y complejizando el ejercicio con paciencia. De modo que podamos acabar sorprendiéndonos con las reflexiones y con la profundidad del lenguaje en etapas superiores.

Os propongo un ejemplo sencillo que se puede realizar en una fase inicial:

Imaginemos que en una lectura que hemos escogido cuidadosamente ha aparecido la siguiente metáfora: “Tu voz es música para mis oídos”.

A partir de esta metáfora les planteamos que intenten pensar en el significado de la misma. Para ello les recordamos que no se queden en la superficie de la acción, deben intentar deshacerse del sentido literal y conectar el gesto con un sentido mucho más amplio, profundo. Para hacerlo más fácil se puede realizar esta actividad con una pareja, seguro que así resulta más enriquecedora la conclusión: Las siguientes preguntas pueden ayudar:

¿Qué significado tiene la frase en sentido literal? Y si olvidamos el sentido literal, ¿qué crees que puede significar?

-Te puede ayudar pensar inicialmente en las tres palabras fundamentales: Voz – música – oídos.

-También te puede ayudar pensar si la música generalmente despierta emociones positivas o negativas. ¿Cómo crees que la ha dicho el personaje? ¿La ha dicho en buen tono o enfadado?

-¿Qué se quiere transmitir con esa oración?

Les planteamos que intenten explicar qué significado tiene la metáfora. Que escriban la idea principal de su conclusión. Después planteamos que compartan las conclusiones en grupo. Tras escuchar a todos los compañeros y compañeras, les pedimos que vuelvan a escribir el significado de la expresión y les preguntamos lo siguiente:

¿Habéis modificado vuestra idea inicial o habéis consolidado vuestra intuición al escuchar al resto?

  El siguiente paso es construir una metáfora. Podemos partir de las metáforas visuales. Os planteo un ejemplo:

Les pedimos un ejercicio muy sencillo:

Se trata de representar el lenguaje abstracto a través de una imagen para decodificar así el mensaje que lleve implícito. Del mismo modo que jugamos con el lenguaje y hemos llegado a identificar muchas metáforas, en nuestro día a día estamos rodeados de ellas. Por ejemplo, hay un sinfín de metáforas visuales en los cómics, y están implícitas en vallas publicitarias o anuncios, en ilustraciones humorísticas que serían como dibujos de chistes o chistes gráficos, en la poesía visual…

Les proponemos que realicen su propia metáfora sobre algo relacionado con la forma de hablar de un compañero o compañera de clase (o del profe), para seguir así con el ejemplo anterior: ‘su voz es música para mis oídos’. Para ello, pueden hacer implosionar toda su creatividad para crear la METÁFORA VISUAL. Deben pensar lo que quieren expresar y la imagen con la que van a compararlo, la fórmula consiste en: idea-imagen ¡así de sencillo! Y les decimos que no se desanimen pensando que no se les da bien dibujar, hay multitud de metáforas visuales aparentemente muy sencillas en cuanto a trazo y muy impactantes en cuanto al mensaje que transmiten.

Esta es una actividad que conlleva un alto nivel de complejidad pues les empuja a poner en marcha nuestra competencia metafórica, artística y visual. Les decimos que si se animan también pueden escribir la metáfora en vez de dibujarla, o hacer ambas cosas.

Al acabar este ejercicio, les pedimos que verbalicen su resultado. Deben explicar al resto de compañeros qué han querido trasmitir y cómo lo han hecho. Y de este modo finalizamos la actividad.

Lo más interesante de esta dinámica es ir complejizando gradualmente hasta llegar a confeccionar metáforas relacionadas con aspectos más abstractos como: el comportamiento en clase. O: La limpieza en el colegio. Finalmente podremos llegar a temas con contenido social, o económico incluso y de relevancia más global: Derechos humanos en determinado lugar, o, el pico del petróleo. Para conseguir generar las metáfora tendrán que tener una opinión, preparar y saber plasmar sus argumentos, e intentar interpretar una idea y una información.

Danesi (en Sabet y Tavakoli, 2016) afirma que la competencia metafórica está estrechamente relacionada con la manera en que una cultura particular organiza su mundo en términos de conceptos. Afirma además que “percibimos, pensamos y hablamos con la ayuda de nuestro sistema conceptual”. En un paradigma Crítico de la Educación donde la Transformación Social es el eje vertebrador del proceso de enseñanza aprendizaje, el desarrollo de la competencia metafórica resulta muy interesante.

La metáfora nos sirve para estructurar gran parte de nuestros conceptos y de nuestras actividades. Nos sirve para estructurar la acción, la praxis del cambio social. Y en mi intención de siempre dar un paso más con mi alumnado, esta es siempre una parte fundamental de las estrategias metodológicas que empleo.

¡Anímate a integrarla en el aula y cuéntame tu experiencia!

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