César Bona no existe

17 mayo 2021

Si a estas alturas del curso te notas agotado y un poco frustrado, es normal, no te agobies.

Llevas muchos meses procurando que tus clases sean innovadoras, interesantes y motivadoras en un contexto que no te permite hacer lo que te gustaría. Lo que de verdad crees que se debe hacer en un aula. Con esa sensación extraña que notas cuando no ha salido bien todo lo que tenías preparado para esta semana…

Llevas acompañando a tus chavales de la mejor manera posible todo un curso, empatizando con sus historias de vida, implicándote en su realidad familiar; sin poder conseguir aquello que tú querrías, sabiendo que la escuela llega donde llega, y más este año. Pero sus historias y sus realidades siguen en tu cabeza y te acompañan a casa, por mucho que tú no quieras.

Llevas conviviendo cerca de 250 días con tus compañeros y compañeras, y todas sus particularidades. Aquellas que te animan y las que no entiendes. Incluso las que te molestan. Y todas esas reuniones en las que te has ido con mil pensamientos que no has podido decir. Todas las decisiones que no compartes.

Llevas leyendo sobre pedagogías alternativas un trimestre entero, visitando instagramers educativos cada día, ves conferencias brillantes en Youtube de educadores famosos muy bien vestidos, has hecho ya 17 webinars sobre no sabes qué; y vuelves el lunes a tu aula y la realidad te pega el tortazo de tu vida.

No te agobies, de verdad, no te frustres, que César Bona no existe.

Continuamente idealizamos la imagen de lo que deberíamos ser como educadores, mirándonos en el espejo y procurando ver reflejado en él a una especie de flautista de Hamelín capaz de llevar las clases como si fuésemos un mago que lo controla todo con maestría, cariño, cercanía y tacto (y siempre sonriendo). Como una película donde todo va exactamente como habíamos escrito en un guion.

Pues siento decirte que no es así, esto no te va a suceder (no te frustres). Tu clase tiene tantas variables, matices y condiciones diarias como alumnos y alumnas, y te va a tocar alzar la voz en algún momento, mantenerte firme en otros, improvisar continuamente, atender cosas inesperadas… Lo normal es que falles, que te equivoques, como le pasaba cada día a César Bona. Lo normal es que no salga como esperabas, que te interrumpan de tanto en tanto, que surjan otras cosas…, pero no te agobies, lo estás haciendo bien.

Piensa que la perspectiva que tenemos ahora y lo que sabemos de nuestro alumnado en estos momentos no es lo mismo que lo que conocíamos a principio de curso. Seguro que enfocaste mal algún proceso, que probaste estrategias que no han funcionado. Pero no te pegues latigazos, cada acción/decisión es hija de su momento y no debemos frustrarnos cuando vemos que algo no está saliendo bien. No te quedes con la idea de que deberías haberlo hecho de otra manera. Toma otra dirección y sigue caminando. Lo estás haciendo bien.

No te equivoques. Las referencias que tienes en Educación, la gente que sigues en redes que sube imágenes súper interesantes de aulas perfectas, el profesorado que admiras, ha tenido los mismos problemas que tú. Y si estuviera dando clases actualmente tendría los mismos problemas que tienes tú en la clase de sociales de las 11:45 de mañana. También tendría momentos brillantes, pero no faltarían los momentos de mierda. Incluso los de desgana. Eso que sientes es normal, no te agobies.

En la era del Instagram educativo, la imagen idílica que tenemos de lo que debe ser un profesor y que tanto nos atenaza y nos presiona, no existe. Lo que existe es lo que tú estás haciendo en tu aula cada día. Con todos los errores, las expectativas truncadas y también los momentos especiales que devienen de tus buenas intenciones, de tu profesionalidad. Con las buenas intenciones, las horas en casa recortando para preparar un material atractivo, las unidades didácticas repensadas, las metodologías activas que has preparado…, incluso las cervezas con tus amistades hablando sobre lo que cambiarías del sistema educativo. Idealizar sobre lo que deberías ser, sobre lo que debe ser un educador, te puede llevar a juicios peligrosos, fiascos inasumibles, aspiraciones inalcanzables. Las referencias nos deben ayudar a caminar, a inspirarnos y afianzar nuestra idea de esa otra escuela posible.

Así que no te agobies, ya sabes que la Educación es un camino cargado de frustración. Pero lo estás haciendo bien y eres más parecida a César Bona de lo que crees.

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