Educar ahora

4 mayo 2021

Durante este curso escolar me encuentro en Inglaterra trabajando como profesora de arte en la escuela internacional Brockwood Park School, fundada en los años sesenta por el filósofo Jiddu Krishnamurti.

Las intenciones por las que se fundó este proyecto son ayudar al ser humano a florecer en la vida, a descubrirse a sí mismo libre de condicionamientos y con suerte, encontrar su verdadero potencial; averiguar cuál es la mejor manera posible de habitar el mundo, tras percatarse de su estado.

El trabajo filosófico de Krishnamurti además es parte de las actividades semanales, habiendo grupos de diálogo en torno a temas de universal relevancia como qué es compartir, qué significa la responsabilidad, el miedo o el amor.

Algunas características de esta escuela son: es un internado -los profesores y estudiantes residen todo el año en el mismo espacio-, es privado, se encuentra en un espacio rural apartado de núcleos urbanos, únicamente hay 70 estudiantes (de 13 a 20 años de al menos 10 nacionalidades distintas), las clases tienen alumnos/as de diferentes edades, el ratio de alumnos/as por aula es entre 2 y 15 personas, no hay exámenes (exceptuando las asignaturas de acceso a la universidad) y no hay un currículo o sistema pedagógico establecido (cada profesor/a elabora su propio temario y contenidos).

Entiendo que es significativo dar esta información antes de compartir mi experiencia ya que estas condiciones no son las más extendidas en la mayoría de las escuelas públicas del mundo.

Tras varios meses de aprendizaje en el aula y conversaciones sobre educación, estos son algunos puntos -que no conclusiones- que considero valiosos:

  • El aprendizaje es un proceso sin ruta conocida; cada persona encuentra interés de manera única e impredecible. Atarnos a un sistema pedagógico es limitar la experiencia educativa a una posibilidad.
  • Tanto alumnado como profesorado tiene responsabilidad en cuanto a la atmósfera de la clase, y a la calidad comunicativa. Aprender y aprovechar las horas de clase con energía y curiosidad es responsabilidad de todas y cada una de nosotras.
  • Somos seres cambiantes por lo que cada día en el aula es un misterio. No importa si la dinámica preparada es original, innovadora o involucra a los/as estudiantes. Los vaivenes y momentos personales se imponen y hemos de adaptarnos a ello como facilitadores, sin caer en cuestionamientos innecesarios sobre nuestro trabajo.
  • El currículo está para saltárselo en el momento en el que se entra al aula: cada día hay una energía colectiva, y un tema o interés que brilla con más intensidad que el resto.
  • Trabajar de forma individualizada es importante ya que cada persona pasa por distintos retos en el momento presente. Esto se ve reflejado en la adaptación de los ejercicios y en la flexibilidad en cuanto a la exigencia en el aula. Cuando nos encontramos ante un número de alumnos/as por aula elevado este nivel de atención puede dificultarse. En ese caso, pueden programarse sesiones en las que se hagan tutorías individuales de corta duración mientras el resto de estudiantes realizan dinámicas de carácter autónomo.
  • Dialogar con los/as estudiantes acerca de en qué punto de su aprendizaje están y qué quieren aprender es crucial para ajustar los contenidos de la asignatura. La profesora trabaja con el material que el alumnado necesita aprender: los alumnos/as son el centro, no receptores de la información que la profesora ya conoce. Cuando los alumnos y alumnas vienen de centros convencionales se comportan primeramente como estudiantes pasivos. Con paciencia y determinación, podemos lograr que los/as estudiantes tomen mayor control y compromiso sobre su propia educación.
  • Ser honestos en cuanto a lo que sabemos y desconocemos. Ser un buen profesor o profesora no significa ser una fuente ilimitada de conocimiento sino tener la actitud del eterno estudiante. Situarnos como personas que quieren aprender en el aula desvanece los roles convencionales de autoridad entre estudiante y profesor, y permite que las alumnas compartan su sabiduría y los profesores aprendamos cosas nuevas.
  • La acumulación de conocimiento, abstraída del proceso personal, no significa necesariamente aprendizaje. El proceso de descubrimiento, de ensayo y error, de continua experimentación se acerca más a lo que llamaría aprendizaje (sin querer negar o menospreciar con esto la herencia de nuestros predecesores).
  • Crear tu propio currículo puede ser un disfrute así como un acto creativo y transformador. Las clases que un/a profesor/a prepara creativamente sin seguir ningún programa muestran el verdadero interés de esa persona, mostrándose implicado/a y vulnerable ante los/as estudiantes. Los/as estudiantes, los cuales notan y perciben casi absolutamente todo, pueden conectar enormemente cuando algo tan sincero y verdadero está frente a ellos/as.
  • Enseñar las conexiones entre tu materia y el mundo contemporáneo. En los sistemas convencionales los contenidos de las asignaturas acaban quedándose a un nivel abstracto, aéreo, desfasado y sin sentido. Esto produce una gran desmotivación por parte de los alumnos y las alumnas ya que no se identifica el porqué de lo que están aprendiendo. Valoro que es importante contextualizar la actividad diseñada y qué usos y aplicaciones tienen en la realidad presente.
  • Trabajar de forma transversal con el resto de materias. A modo de ejemplo, este año he enlazado mis clases de arte con química para entender la composición de las diferentes técnicas pictóricas y con ecología y diseño para ver su repercusión sobre el medio natural.
  • La conexión personal es lo que verdaderamente importa. Poder nutrir la relación de confianza entre estudiantes y profesorado con naturalidad es más importante que avanzar en los contenidos del currículo o las calificaciones. Centrarnos en los resultados académicos puede tener lógica cuando el objetivo es ir a la universidad pero no garantiza de ninguna manera el aprendizaje ni el crecimiento personal a ningún nivel.
  • Usar lo que funciona ya venga de la cultura académica convencional, alternativa o de creación propia. Hemos de ser críticos con los materiales educativos y analizar lo que está obsoleto y lo que no. No por ser convencional es negativo y no por ser alternativo es sinónimo de positivo.
  • Crear espacios para hablar de cuestiones importantes de la vida, ya sea de forma directa o indirecta en relación a la asignatura. En la vida no hay divisiones entre los elementos, los seres vivos y el cosmos. Esto quiere decir que no hay porqué reducir las clases a lo meramente académico.
  • La vida es en sí misma puro aprendizaje, y no entiende de aulas o sistemas ni depende del tiempo. Todos los elementos con los que interactuamos en el presente son profesores en esta red de conexiones interdependientes.

A parte de la crisis ecológica, social y económica que habitamos, hay una crisis de cuya raíz emergen todas las demás: el gran sufrimiento que subyace en todos los seres humanos, el gran desconocimiento sobre cómo trascenderlo y la ilusión de ser seres independientes del resto.

Todas las personas hemos sido heridas en innumerables ocasiones desde que llegamos al mundo y cargamos continuamente con este lastre. Para sobrevivir, construimos corazas llegando incluso a olvidar que estamos heridos. Al no ver este hecho y no reconocer esta profunda herida, actuamos de forma reactiva hacia nosotros mismos y hacia los demás, generando más sufrimiento, confusión y división.

La sociedad, que no es sino una gran comunidad relacional, refleja a nivel macro este hecho. Los países actúan por interés propio, priorizando los recursos y el poder y sin ver las consecuencias sobre el resto.

El reto humano es comprender las relaciones con otras personas y con el resto de formas de vida y actuar con la responsabilidad proveniente de este discernimiento.

Sin esta gran enseñanza integrada no hay máquinas, tecnología o teoría que salve la dirección que como humanidad global llevamos.

Por todo esto, la educación que trasciende lo académico y lo competitivo, y se enfoca en la vida y sus ilimitadas relaciones es la educación que necesitamos ahora.

Silvia Cored

30 de Abril de 2021
Bramdean, Reino Unido.

Más información:
www.silviacored.art

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