Zahara podría estar en tu clase

31 enero 2021

En el último post hablábamos de una dinámica para la clase de Lengua en la que analizamos una canción que nos había propuesto el alumnado. Y que, en un principio, catalogaban de «feminista». A lo largo de la sesión, sin embargo, fuimos viendo cómo ésta estaba plagada de estereotipos y roles de género.

Menos de una semana después de aquella actividad, llegó a nuestros oídos la canción «Merichane», de la cantautora Zahara, y no nos quedó más remedio que analizarla. Si estáis buscando una canción feminista para trabajar con el alumnado o tenéis un listado de canciones para tratar el machismo o la igualdad de género, esta tendría que ir directa a la lista.

Yo estaba ahí cuando todos bailaban
Mojaban el dedo, se creían eternos
Yo estaba en el baño aguantando la puerta con mi espalda
Mientras les besaba la lengua

Yo estaba ahí en las oficinas de Universal
Tragando sermones sobre mi gran potencial
Yo estaba ahí abrazada a la taza del váter
Yo era incapaz de soltarla y ellos de mirarme

La canción empieza fuerte: sexo, relaciones de poder, mansplaining o bulimia se pueden intuir en esas primeras estrofas.

Merichane significa «la boca de diez mil hombres» y fue un nombre que se le atribuyó a Cleopatra, supuestamente en referencia a su arte en el sexo oral. Ese es precisamente el apodo que le pusieron en el colegio a Zahara, cuando ella tenía 12 años, y popularmente era usado para señalar a «la puta del pueblo». Como explica bien Berta Gómez (2021), «Es un tipo de mote con connotaciones sexuales que funciona como una especie de rito de iniciación a una cultura patriarcal donde parece normal que los chicos hagan listas puntuando los cuerpos de ellas o les toquen el culo al pasar por el pasillo, apuntalando así las bases de la división a través del acoso y la humillación.»

Yo estaba ahí en urgencias acariciando el límite
Necesitaba algo infalible
Yo estaba de rodillas pidiendo perdón a vuestro Dios
Por no saber decirle que no

Zahara habla sin tapujos sobre situaciones en las que, lamentablemente, muchas mujeres pueden verse reflejadas. Que una artista verbalice este tipo de experiencias y sentimientos es fundamental por muchos motivos: en primer lugar, por ella misma (Yo aún ahí, sin saber salir/ Yo aún ahí, sin saber salir/ Y no logro huir); en segundo lugar, para que las jóvenes no se sientan solas ni culpables ante estas problemáticas; y, por último, para contrarrestar los constantes mensajes que llegan en sentido contrario. Y que, paradójicamente, cada vez son más con la moda de las canciones de trap o reggaeton, cargadas de mensajes machistas.

Como la cantante ha explicado: «He tenido que aceptar y asumir que aquellas historias sucedieron de verdad, pero que el mantenerlas escondidas no solo no me hacía sentir mejor sino que protegía a las personas que me habían hecho daño. Por eso ahora, en este momento en el que me he visto con fuerza para hacerlo, he decidido compartirlas.».

Yo estaba ahí cambiándole el nombre a mis amantes
En la lista de contactos
Yo estaba ahí dejándole las bragas usadas en el armario
Jodiéndole la vida a un extraño

Yo estaba en la otra habitación, escuchaba su respiración
Deseaba que no entrase
Yo estaba entre las sábanas a esperas del verano
Dejando de ser quién había soñado

El miedo y la venganza se escuchan en esta parte de la canción. Miedo y venganza fruto muchas veces de la cultura tóxica del amor romántico que como sociedad hemos establecido para las relaciones de pareja. Zahara no se esconde ni finge, tampoco se presenta como una santa. Pero la pregunta a hacerse es: ¿un hombre habría pasado por este tipo de situaciones?

Todo esto es fruto, entre otras muchas cosas, de una educación sexual basada en la dominación y la violencia. Es urgente que en las aulas apostemos por una educación afectivo-sexual basada en el respeto y la igualdad. La LOMLOE introduce mejoras en esa dirección, y lo celebramos.

Yo estaba ahí con las llaves en la mano
Acelerando el paso, fingiendo que hablaba con mi hermano
Yo estaba ahí dejándome hacer
Con tal de que acabase de una vez

Yo estaba ahí confesándome por haberme tocado
Creyendo que ese era el puto pecado
Yo estaba ahí metiéndome los dedos hasta el fondo
Queriendo vomitar las penas, la vida, el odio

Como canta Zahara, las situaciones que pueden sufrir las mujeres por el mero hecho de ser mujeres (acoso, violación, miedo, culpa…) se dan tanto en el ámbito público (colegio, compañía discográfica, etc.) como en el privado y se dan en todas las edades (desde la infancia hasta la adultez), acarreando problemas psicológicos y físicos. Y se dan como ella lo canta, de manera cruda, sin edulcorantes.

Las educadoras y educadores tenemos el cometido de enseñar en igualdad para darle la vuelta al sistema heteropatriarcal dominante y que toda mujer se sienta segura siempre se encuentre donde se encuentre; pero que una personalidad pública como Zahara, con miles de seguidores, lance un mensaje tan potente en una canción popular nos facilita la tarea. Gracias, Zahara.

Para acabar, os recomendamos también ver el videoclip. Vale la pena.

 Imagen: Malen Company (@itsmalenco)

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