Mamá, ¿y si desapareciera la escuela?

17 abril 2020

Hace más de 50 años que Bourdieu se atrevió con la propuesta filosófica de las dimensiones de la culturización, y en su brillante y revelador intento, afirmó que, lejos de lo concebido hasta la fecha, se trata de un proceso arbitrario y vehiculizado por la institución escolar. Esto acentuaba el poder de la escuela en la reproducción de las estructuras sociales, o lo que es lo mismo, en la posibilidad y riesgo de perpetuar la herencia cultural desfavoreciendo así a «los desheredados».

Cobró vida el concepto de escuela…

Hoy, en un estado global de alarma, en crisis por una pandemia que ha desestablecido el orden mundial, ponemos la mirada y el foco a la vulnerabilidad (¡vaya, por fin!). ¿Pero esto resulta igual en todos los sectores?, ¿qué cabida tiene la escuela en esta nueva ecuación social?, ¿se está atendiendo a la totalidad de la vulnerabilidad?, ¿qué entendemos y estamos dando a entender como vulnerable?, ¿qué pasa entonces con la vulnerabilidad de niños y niñas que de un día para otro han visto destruído su derecho fundamental a la educación?, ¿el cierre sin precedentes ni excepción de todas las escuelas entra en este contexto?, ¿qué modelo de intervención se ha diseñado para este «aquí y ahora»?, ¿se ha diseñado poniendo de centro, como con el resto de estratos sociales, lo vulnerable?

Ante este nuevo marco, una única posible pregunta inicial: «¿tienes internet en casa?».

A priori, parece una pregunta sencilla…

SÍ.

NO.

El «teleaprendizaje» está servido, pero tras estas dos opciones de respuesta, una diversidad de circunstancias personales y familiares ante las cuales el sistema escolar vuelve a mostrarse único (y dependiente de la voluntad de equipos directivos y profesorado). Con él, se pasa de la importancia a la exigencia del «factor familia», sin recordar aquello que nos delató Bourdieu acerca de que el capital cultural de los hogares se reflejará en los resultados, si la escuela no proporciona aquello que «otros han heredado».

¿Qué podrán hacer familias, en este contexto, que viven en una habitación de un piso compartido?, ¿y familias que solo cuentan con datos móviles para varios/as hijos/as?, ¿aquellas familias inmigradas recién llegadas y sin conocimiento del idioma?, ¿qué está pasando con los casos de absentismo escolar y en riesgo de abandono?, ¿qué sabemos de las familias que no tienen ingresos económicos?, ¿cómo están?, ¿cómo están esos niños , niñas y jóvenes?, ¿la escuela les pregunta o se limita a la mera transmisión de información?, ¿o directamente les mete en el saco del «no se implican»?…

¿ALTERNATIVAS?

SÍ.

NO.

Sin duda, en el camino de «pedagogizar» el ambiente familiar, hay quien gana y quien pierde, logrando así más participación por parte de las más privilegiadas, en lugar de tratar de equilibrar el sistema y sus modelos, potenciando la adaptación del alumnado con mayor posibilidad de acumular «fracasos».

La «escuela construída» ante esta realidad sigue teniendo la capacidad de legitimar la desigualdad. Si esta dependencia a la propia herencia cultural se resiste en tiempos de “normalidad” pasando horas en la escuela, centros de día, de ocio, etc., aún será mayor la resistencia cuando todo queda supeditado a los recursos culturales, materiales, económicos, habitacionales, emocionales, relacionales… de los que se dispone en casa.

¿ALTERNATIVAS?

SÍ. La auténtica y pura labor educadora y compensadora que trate de acercarse a las situaciones propias del alumnado y deje de ejercer presión sobre la infancia. Conocer qué realidades les acompañan. Una llamada. Un Whatsapp . (¡He hablado y he visto a mi profe!, ¡se ha interesado por mí!). Dejar de atribuir roles innecesarios, confusos e impropios a las familias. Orientarles y acompañarles en este nuevo escenario. No dejar atrás el trabajo en red y darle fuerza a lo comunitario mediante el contacto con las entidades del tercer sector que están en el propio terreno. Centrarse en la dimensión humana, social, emocional y relacional de la educación para aprovechar esta situación de “anormalidad” como pretexto para un cambio de paradigma.

No perder vínculos. Estrecharlos.

Todo un desafío socioeducativo ante el que todos los agentes de la escuela deben posicionarse firmemente. Porque, mientras la calle resalta valores humanistas como la solidaridad, el afecto, la cooperación, la interdependencia, los cuidados, etc., el debate social y mediático vuelve a reducir y resituar el papel de la escuela, centrando sus discursos en la evaluación, las notas, deberes, las repeticiones, escapando así de la persona, de la vida, de lo verdaderamente vulnerable y necesitado.

Corriendo el riesgo de hacer desaparecer la verdad de la escuela…

… para una gran mayoría no privilegiada.

Mapa visual. Recorrido sobre la agudización de las desigualdades en tiempos de confinamiento. Elaboración propia, con medios propios de confinamiento.

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