A la policía de balcón

8 abril 2020

Se nos llena la boca al hablar de inclusión en los centros educativos, proyectos, empresas o en la sociedad en general, ¿verdad? Pensamos que cada vez estamos más cerca de llegar a ella, sin embargo, no nos damos cuenta de que aún estamos en el primer escalón (si llega).

Hace un par de semanas, se publicó en el Boletín Oficial del Estado, una instrucción que hacía referencia a que personas con Trastorno del Espectro del Autismo (en adelante, TEA), alteraciones conductuales, discapacidad y personas especialmente vulnerables, quedaban habilitadas para circular por la vía pública durante el Estado de Alarma con un acompañante, cuando se vieran superadas por la situación de confinamiento.

No tardaron en hacerse virales una serie de mensajes vía WhatsApp, los cuales venían a decir que era conveniente que estas personas y sus acompañantes, llevaran un lazo azul en la muñeca para que así, su vecindario las reconociera y no emprendiera un trato vejatorio hacia ellas. Trato vejatorio, sí: insultos, huevos y lejía, entre otras cosas.

A los pocos días, varias compañeras de mi trabajo -profesionales “como la copa de un pino” en Educación Especial-, hicieron un vídeo de difusión en Redes Sociales,  explicando que la sociedad debía respetar a las personas con TEA u otro tipo de diversidad funcional cuando salían a la calle, a las cuales reconocerían por llevar el lazo azul, siendo ellas no partidarias de este hecho y haciéndolo, más bien, por una necesidad de educación social. 

El vídeo y los mensajes virales me hicieron reflexionar mucho y hasta llegué a enfadarme. Así que, pensé… ¿en esta sociedad tan inclusiva en la que vivimos hay que marcar a las personas con diversidad funcional como si fueran ganado? ¿Debemos recurrir a identificativos con personas que están ejerciendo sus derechos?

Esto es lo que ocurre cuando hay una carencia de inclusión tan grande; nos lleva a pensar que el problema es de las personas que tienen que salir y no de las que insultan.

Definitivamente, marcar a una parte de la ciudadanía por tener capacidades diferentes con un color, no debería ser la respuesta ante la intolerancia de algunas personas.

Para terminar, en estos días en los que se habla de que el país está más unido que nunca:

Queridos y queridas policías de balcón, dejen de insultar, de contar las veces que su vecina saca al perro o la basura; aprovechen estos días de confinamiento para pensar de qué manera pueden mejorar sus vidas, para leer, bailar, llamar a sus familiares o para hacer un bizcocho pero, por favor, dejen de meterse en la vida de los demás.

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