Infancia: Siempre la gran olvidada

31 marzo 2020

Una vez más, el adultocentrismo se impone en la sociedad y nos olvidamos de la necesidad básica de un niño o niña de estar al aire libre. De correr, jugar en la calle y disfrutar de la infancia en libertad.

Esta etapa es la gran olvidada de la crisis sanitaria que vivimos. Y, mientras tanto, las familias se echan las manos a la cabeza por tener que ejercer de padres y madres 24 horas al día. El colegio, por su parte, se encarga de mandar todos los deberes que pueda para intentar hacer su trabajo de la misma manera, olvidando que su alumnado no está en el colegio y en casa no se concentran de la misma forma, al igual que nos ocurre al resto de personas adultas.

Y el resultado de esto son familias desesperadas por ingeniárselas en casa, ejerciendo de maestras, padres y madres, psicólogas y animadoras. Y, debido al estrés rutinario que siempre hemos tenido antes de este parón forzoso, las familias no estaban acostumbradas a ser madres y padres, más allá del poco rato al día que les quedaba después de trabajar o el fin de semana, si las actividades extraescolares les dejaban tiempo.

Por eso, el momento de confinamiento que estamos viviendo, tendría que ser ideal para que las familias sean familias de nuevo. Para que conozcan a sus hijos e hijas, les observen, les acompañen, admiren sus destrezas y jueguen en sus juegos, si les invitan. En definitiva, encontrarse y descubrirse nuevamente.

Tendríamos que poder aprovechar este tiempo para hacer todas aquellas cosas que no tendremos tiempo de hacer cuando esto pase.

Sin embargo, la realidad en la mayor parte de los hogares en este momento es de familias enteras estresadas porque las peques necesitan salir a la calle a correr y jugar, pero no pueden. Y tienen que estar en casa, con una lista interminable de deberes, los cuales tampoco entienden por qué tienen que hacer ni con qué finalidad.

Cuando en este momento podríamos aprovechar el tiempo para aprender con calma, ver cuáles son los intereses de cada niño o niña y dejarles espacio para que investiguen. En vez de eso, se ven obligados nuevamente a seguir las directrices del sistema educativo, en el cual se sigue creyendo que hacer interminables deberes es sinónimo de aprendizaje.

Por todo esto y mucho más, me gustaría hacer un llamamiento a las familias para que, dentro de todo lo que estamos viviendo, intenten dedicar un ratito al día a disfrutar plenamente del tiempo con sus hijos e hijas. Que paren, respiren hondo y se olviden de los deberes, de las obligaciones, de la prisa y, únicamente, se centren en observarles con cariño y dedicarles todo el tiempo que necesiten porque esto que estamos viviendo, a pesar del infortunio de no poder salir de casa, es más valioso de lo que hoy creemos.

Así que, ya que el sistema vuelve a olvidar de nuevo las necesidades básicas de la infancia, recordémoslas nosotros desde nuestro hogar. Cedamos el tiempo, la atención y el cariño que realmente se merecen. Vamos a asombrarnos con ellos, ponernos a su altura e intentar ver el mundo de nuevo con la ilusión que desde sus ojos lo ven, a pesar de todo.

Esmeralda Bermudo Segovia

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