Música en los balcones… ¿y en las aulas?

25 marzo 2020

Los sistemas de enseñanza llevan tiempo mermando la dimensión humanizadora de la educación: la música, la literatura, la filosofía, la educación plástica y la formación de las diversas dimensiones del carácter y la personalidad, como la educación emocional o la educación en valores. Esto no es casualidad… Es evidente que existe una clara voluntad por acomodar, y cada vez más, el sistema educativo formal a las exigencias de la economía. Desde hace unos años se están produciendo modificaciones conceptuales, curriculares y organizativas relacionadas con dicha voluntad. Bajo una cosmovisión europeísta, en las últimas décadas, la educación ha consolidado una lógica tecnocrática, economicista e individualista.

El currículo ha sufrido una convergencia hacia contenidos de materias relacionadas con las ciencias, las matemáticas, la lengua inglesa y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Todo justificado en la necesidad de generar una Europa del conocimiento que tenga como fruto individuos competentes que aporten al mercado un valor añadido.

El currículo ha ido desplazando así saberes fundamentales en el marco de la especialización disciplinar. Muchos estudiantes son víctimas de un modelo de enseñanza sin educación que les ha privado de un desarrollo humano integral. De esta forma, áreas disciplinares como la música, la filosofía, la literatura universal y la educación plástica, han sido apartadas para añadir horas y contenidos a las matemáticas o las nuevas tecnologías.

Estas convergencias curriculares eurocéntricas se han trasladado a las familias que entienden la excelencia académica principalmente como la obtención de los mejores resultados posibles. La presión posterior de las familias genera un fuerte impacto sobre los centros educativos y sobre las propias decisiones que se toman en el día a día para satisfacer la demanda de las mismas. La mal entendida excelencia académica ayuda a escorar más si cabe la enseñanza hacia la obtención de resultados excelentes (con la consiguiente publicidad en ránquines en medios de comunicación) dejando cada vez menos espacio a la formación integral del alumnado.

Este tipo de educación materializada en el currículo actual, favorece la adquisición de conocimiento de una forma parcial y especializada, lo que dificulta en gran medida, si no hace imposible, una correcta comprensión y valoración de los hechos fomentando la pasividad de los sujetos, los cuales son considerados espectadores de la historia (González, 2005) Este paradigma educativo, además, perjudica la construcción de un tejido social que pueda afrontar los retos, conflictos y problemas Globales de manera colectiva, y no como individuos competentes pero aislados en su propia realidad.

Y entonces llega una pandemia… Global.

Y la música suena en los balcones.

Los cuadernos se llenan de poesía.

Las camas se hacen de cuentos e historias.

Y los dibujos llenan las neveras.

Para pensar…

Ilustración: Verónica Montoya

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