Una visión crítica de los ODS

16 marzo 2020

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU están hoy en boca de todos y realmente pueden ser una herramienta útil para trabajar con el alumnado temas tan importantes como el cambio climático o las desigualdades de género y sociales.

Con la firma de los ODS en 2015, los líderes mundiales se comprometieron a adoptar un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todas como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible con el horizonte puesto en 2030.

Sin embargo, es fundamental analizar y trabajar estos temas desde una visión crítica. Ese espíritu crítico, que para nosotras es el aprendizaje más valioso que el alumnado ha de llevarse de las aulas, tiene que ser utilizado por el profesorado para utilizar los 17 ODS como una herramienta pedagógica verdaderamente transformadora.

En primer lugar, podríamos preguntarnos si son suficientes ante las crisis ecológicas y civilizatoria ante las que nos encontramos. Es más, si su cumplimiento conseguirá «proteger el planeta»; como se propone.

El punto 8 lleva por título «Trabajo decente y crecimiento económico». Desde nuestra óptica, ese punto dificulta el cumplimiento, como mínimo, de los puntos 6 («Agua limpia y saneamiento»), 7 («Energía asequible y no contaminante»), 10 («Reducción de las desigualdades»), 13 («Acción por el clima»), 14 («Vida submarina») y 15 («Vida de ecosistemas terrestres») debido al imposible desacoplamiento del crecimiento económico del consumo de energía y recursos terrestres, y la consecuente degradación ambiental.

«Sorprende» que siendo la Agenda de la ONU más participada y avanzada nadie en todo el proceso haya sido capaz de plantear lo que ya decía el Club de Roma hace casi 50 años en su famosa publicación «The limits to growth»: que es imposible crecer de manera infinita dentro de un planeta de límites biofísicos finitos. Esto hace pensar que estamos ante el enésimo lavado de cara de un sistema de poder y económico que se muestra incapaz de hacer las cosas de otra manera.

De cumplirse el punto 8, se verían parcialmente incumplidos los antes mencionados. ¿Cómo si no vamos a crecer económicamente sin seguir contaminando ríos y acuíferos, llenando los mares de basura o secando humedales (punto 6)? ¿Si no es a base de mayores consumos energéticos que precisarán de más recursos fósiles, nucleares, minerales, etc., y harán aumentar las emisiones (punto 7)? ¿Si el capital no continúa aprovechándose del trabajo invisible y gratuito de las mujeres y de la mano de obra barata en los países manufactureros (puntos 5 y 10)? ¿Cómo vamos a limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 °C si para crecer necesitamos seguir deforestando bosques y selvas para alimentar a una población cada vez mayor (punto 13)? ¿Cómo vamos a conservar la vida en los océanos si uno de los firmantes acaba de volver a permitir la captura comercial de ballenas (punto 14)? ¿Cómo si no vamos a crecer si no es gracias al incremento del PIB que aporta el sector urbanístico que devora el territorio (punto 15)?

En definitiva, puede resultar útil trabajar contenidos ecosociales a partir de la Agenda 2030 pero sin olvidar mostrar la verdad de manera explícita: que buena parte de las dinámicas globales que afectan a los problemas del desarrollo caminan en dirección opuesta a éstos. Sólo eso. Algo tan básico (y a la vez tan revolucionario) como decir la verdad.

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