No cuides de la Tierra. Sé la Tierra.

8 diciembre 2019

A lo largo de nuestra historia se han producido varios acontecimientos relevantes que han ido dando forma a la educación que desarrollamos como docentes en la actualidad. En cada época se ha intentado dar respuesta a aquellos retos sociales que se planteaban, con el fin de formar una ciudadanía comprometida con el mundo natural y social. En pleno inicio del siglo XXI, uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad es la grave crisis ecológica que está llevando la Tierra a un delicado equilibro. Este acontecimiento está cambiando las sociedades actuales y, por lo tanto, la educación debe cambiar.

Dentro de la educación, tanto formal como no formal, encontramos numerosas iniciativas en pos de la protección del medio ambiente: reciclar el papel y el plástico en la casa de acogida; usar papel en sucio para las actividades de nuestro campamento o apagar la luz si no se necesita en el aula, entre muchas otras acciones. Pero con ello… ¿estamos estimulando un verdadero aprendizaje significativo o simplemente un aprendizaje por adoctrinamiento?

Es el momento de parar un segundo, respirar y dejar de lado la visión antropocentrista que hemos interiorizado que nos pone en un escalón por encima de un ser único y maravilloso llamado el planeta Tierra. Desconecta de la “defensa del medio ambiente porque los humanos estamos dañándolo con nuestras acciones a la naturaleza”, y educa en su cuidado porque comprendes que no es un ser externo y diferente al ser humano, sino que el río Ebro, los Pirineos, colibríes, bacterias, echeverias y todas nosotras somos una, somos naturaleza. Suena idealista, utópico e irreal, ¿verdad?

Pues es más sencillo de lo que creemos. Tan solo tenemos que revolver el aula y darle otra perspectiva. Hacer una búsqueda en internet no es lo mismo que sentir el cosquilleo de los pasos de un pequeño escarabajo entre los dedos, o apreciar la humedad de la tierra al cavar con las manos para introducir un plantel de un tomate que dará su fruto como un maravilloso regalo que recogeremos con emoción. Crear un mural en grupos sobre los fenómenos hidrológicos no es lo mismo que compartir el relato contado desde el corazón de una agricultora en su pequeña huerta amenazada por la sequía. Como profesionales de la educación debemos proponer iniciativas que posibiliten al alumnado conectar de manera directa con el medio natural que les envuelve. Estimula que se acerquen, toquen, huelan, escuchen, observen e indaguen, solo así conseguiremos dar forma al verdadero aprendizaje.

De esta manera, educando con una mirada ecológica formada desde las emociones conseguiremos una ciudadanía global que genere reflexión, compromiso y participación en una sociedad del futuro más justa, solidaria y sostenible, formada por futuras personas críticas que sepan convivir en equilibro y armonía dentro del gran ecosistema natural del que formamos parte llamado Tierra.

¿Te atreves a sentir la naturaleza y educar en una verdadera simbiosis con ella?

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